RIO y su sabor carioca: una guía por la cidade maravilhosa

RIO Y SU SABOR CARIOCA: UNA GUÍA POR LA CIDADE MARAVILHOSA

Con las ciudades, por así decirlo, establecemos conexión o desconexión. Nos gustan o no nos gustan. ¿Cuántas  veces no hemos estado discutiendo con amigos y conocidos sobre cuál es la ciudad más linda de Europa, si lo es París o Londres. Y en algunas casos, nos gustan más las ciudades por lo que nos han dado que por si realmente son bonitas o tienen encanto. Por ejemplo, yo siempre disfrutaré Caracas, tal vez porque soy venezolano y viví en ella más de 15 años, y construí amistades que son más resistentes que los árboles. Con Bogotá, me sucede que estoy agradecido por todo lo que me ha dado: un gran amor, un buen trabajo, el sueño de crear estas páginas comestibles, entre otras tantas alegrías. Pero hace poco, tuve un encuentro muy importante, porque fue con una de esas ciudades de las que nada me debía, ni nada necesitaba darme, pero que aún así sin mucha expectativa me fue enamorando. Me gusta mucho que haya encuentros con las ciudades que se vuelvan una especie de amor a primera vista y pasas feliz viéndola y caminando con las ganas de que el viaje no termine. Esto me sucedió con Río de Janeiro. Río, fantástica, maravilhosa como es su adjetivo, me mostró otra ciudad hermosa en Latinoamérica y de ella me llevé un lindo recuento de 9 días que me permiten con mucha emoción escribir sobre ella, y mostrarles (tal vez una cara algo turística), para que los futuros viajeros y visitantes decidan que harán con base a las opciones que les dejo.

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La mala costumbre de leer y el mal hábito de regalar libros

La mala costumbre de leer y el mal hábito de regalar libros

Debo reconocer que a mí el verdadero hábito de la lectura me llegó bastante tarde: en la universidad a eso de los 17 años. Creo que como estudiante de Ingeniería te sobresaturas tanto de números, química y fórmulas, que era para mí muy relajante sacar un libro de mi morral en el bus de la universidad y hacer el viaje de vuelta a casa entre páginas de cuentos de Clarice Lispector y de Julio Cortázar. Desde entonces se me fue desarrollando el placer para mí de leer ficción, fueran novelas o cuentos. Creo que como en esa época era alguien que carecía de celular y mucho menos a finales de los noventa, no teníamos esos smartphones en los cuales pasar horas en las redes sociales, disfrutaba muchísimo el objeto libro. De hecho hasta el 2013 fui una persona sin televisión en su cuarto. Por eso en gran parte es que desde el 98 más o menos no ha pasado ni un solo año en el que al menos me haya leído tres o cuatro libros, e incluso buenos meses donde he sido un devorador de páginas.

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A la hora del té: piden café!

A la hora del té: piden café! 

[gastroviaje hacia el magnifico mundo que hay en una taza de café]

Si el secreto de la felicidad es poder maravillarse de pequeños detalles que alegran nuestra cotidianidad, entonces soy una persona inmensamente feliz. Y lo soy porque uno de los grandes placeres que disfruto a diario es una taza de café en la mañana y otra por la tarde. El aroma que se desprende desde la máquina por las mañanas cuando las gotas impactan el filtro con el polvo de café, puede lograr hacer de mi día, el mejor día.

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Por la costa oeste de Estados Unidos: ¿Qué ver y qué comer en San Francisco?

De nuestro viaje a la costa oeste de los Estados Unidos, San Francisco fue nuestra parada preferida. Esa ciudad con sus multiples calles de subidas y bajadas, rodeada de una gran bahía y un enorme puente desafía la convencional ciudad norteamericana de grandes rascacielos y suburbios tranquilos a las afueras. San Francisco es mucho más que eso: tiene una onda relajada, una cara hippie y está llena de curiosidades que siempre recomendaría visitar y vivirla en al menos 4 o 5 días. Nosotros tuvimos la oportunidad de estar un poquito más y de poder llevarles a través de estas palabras e imágenes y de nuestra experiencia, lo que deben visitar y donde deben comer. Esperamos tener la oportunidad de volver y quedaros más tiempo, pero si son como nosotros que tenemos vacaciones contadas al año, les recomendamos seguir estos tips para que regresen super enamorados de esta joya californiana.

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Rutas de un viaje mágico: Recomendaciones e itinerarios para visitar el Sudeste asiático

Nunca pienso dos veces para responder que el mejor viaje que Jorge y yo hemos hecho en nuestras vidas, ha sido visitar el Sudeste asiático. En realidad, como fueron 26 días, tan solo pudimos conocer una gota de esa enorme geografía compuesta por maravillosos países, paisajes rurales, caminos gastronómicos y sonrisas naturales. Sin embargo, lograr encontrar gran parte de eso, no es tan espontáneo como las sonrisas que te regalan los vietnamitas cuando los miras. No fue nada fortuito. Estuvimos meses atrás averiguando bien cómo definir un itinerario que nos permitiera movernos y aprovechar el tiempo lo más que pudiéramos, pero sin andar corriendo solo haciendo fotos y conociendo mil lugares en un solo día. Fue fantástico encontrar la cantidad de turistas norteamericanos y europeos que te recomiendan las opciones. Yo fui escribiendo una bitácora, la cual resumiré más adelante para no aburrir a los gastroviajeros, pero aquí doy unas primeras recomendaciones para que visites lugares fantásticos como los que conocimos nosotros.

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Prólogo de un blog viajero y comestible: El Tercer Vuelo

Solía pensar que solo había dos formas de volar. Una en el aire: cuando te daban alas, o en un avión, o soñar que eres un ave, o lanzarse en paracaídas. La otra, que experimenté varias veces,  es cuando me sumerjo muchos metros bajo el agua para saber que incluso uno simplemente no se hunde,cielosino que vuela con oxígeno venciendo la gravedad, sin dejarse caer a lo más profundo y sin elevarse hacia la superficie, volar mientras se bucea.
Pero fue hasta hace muy poco que comprendí, que desde hace mucho vuelo. Y lo hago sin soñar, sin montarme en un vehículo aéreo, o pegarme en la espalda una botella de oxígeno. Sin tener consciencia clara mis pies levemente pierden un poco de firmeza sobre el suelo y así todo el cuerpo. Sucede constantemente, pero no todo el tiempo. Y no solo me pasa a mí, sino a otros tantos. No somos pocos, ni somos una especie en extinción.  Somos una gran cantidad de personas que a veces se identifica, pero que la mayoría de los casos, silenciosos, no encontramos ningún código de comunicación. Caminamos por los aeropuertos y a nuestro lado puede estar en ese cruce otro más de nuestra especie, sin emitir un sonido o una seña que mencione que pertenecemos a la misma estirpe. Podemos estar en la oficina y nuestro callado compañero del cubículo de al lado puede haberse elevado la noche anterior sin darnos cuenta de eso. Alguno de los vecinos, puede un mediodía de sábado estar volando por el comedor de su casa y no lo escuchamos, ni lo notamos. El problema de esto, es que no sabemos cuántos somos los habitantes que emprendemos el tercer vuelo. Ellos vuelan, nosotros volamos. Y a veces no nos damos cuenta de que lo hacemos, solo lo disfrutamos.

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