Mermelada de frutos rojos

1989. Mermelada de Frutos Rojos

Cuando era niño, amaba la mantequilla en las tostadas, pero odiaba la mermelada. No soportaba mezclar cosas dulces con saladas. Con el tiempo todo eso cambió y desde hace muchos años, soy un enamorado mal de las mermeladas. Lo más curioso es que ahora adonde viajo como parada necesaria visito un supermercado y allí descubro que cada país tiene tendencias a preparar mermeladas de un tipo de fruta distinta. Por ejemplo, de España siempre me traigo mermelada de ciruela, que aquí en Colombia no es usual. Pero de estas tierras le llevo a amigos mermelada de uchuvas.

Sin embargo, no todo muere en la compra de una mermelada distinta. Se ha vuelto en mi vida un enorme placer cocinarlas en casa. A Jorge no le gustan tanto las mías porque suelen estar llenas de frutas y de poca azúcar, y para él los sabores dulces deben ser muy dulces. Pero con el tiempo, ya las disfruta y desayuna con mis suaves mermeladas. En casa hacemos muchas: compotas de mango, mantequilla de sésamo negro con miel, y sobre todo, la mermelada de frutos rojos, que para mí es una delicia.

Lo especial de esta compota es que suele ser muy saludable porque reemplazo el azúcar por la estevia y dejo que se cocine durante mucho tiempo la fruta. Los invito a animarse a preparar esta rica compota de frutos rojos para que enrojecer sus desayunos. Que la disfruten!

La receta de la compota o mermelada de frutos del bosque

Para 2 o 3 frascos

Ingredientes:

500 gramos de fresas muy rojas

250 gramos de moras

40 gramos de arándanos frescos

40 gramos de frambuesas frescas

1 palito de canela entera

2 hojas de laurel

1 chorrito de esencia de vainilla

Jugo de medio limón

3 tazas de endulzante tipo estevia en polvo. Si no quieres la mermelada tan light, puedes ser usar azúcar morena o blanca. Puedes aumentar una taza si te gusta muy dulce.

¿Qué hago?

1 Corto las frutas: pico las moras y les quito el centro (o tallo) blanco que es lo más duro y ácido de las moras. Pico las frescas en unos 4 trozos. Los arándanos y frambuesas los dejo enteros.

2 En una olla a fuego medio pongo a calentar las frutas durante 3 minutos. Bajo el fuego y agrego el palito de canela y las hojas de laurel y sigo calentando otros 5 minutos o hasta que se ve que la fruta se deshizo y se volvió una pasta. Agrego el azúcar gradualmente y voy mezclando con una paleta de madera. Por último, vierto el jugo de limón en la mermelada.

3 Dejo cocinar a fuego bajo durante 30 a 45 minutos y voy moviendo constantemente porque va a tender a hervir un poco y explotar. Además, se puede pegar abajo en la olla y quemarse.

4 Una vez la consistencia sea más espesa apago y dejo reposar hasta que enfríe, digamos unos 10 o 15 minutos y envaso.

Tip #1: Para que la mermelada dure mucho en la nevera (hasta meses!) te recomiendo estirilizar los frascos antes (meter unos minutos en agua hirviendo). Luego llenar la mermelada, cerrar muy duro el envase y nuevamente poner en agua hirviendo hasta un poquito más debajo de la tapa durante unos 10 minutos.

Tip #2: puedes hacer la mermelada sin arandanos y frambuesas. También te quedará deliciosa!

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Dip libanés de yogur (o labne)

1994. Dip libanés de yogur (o labne)

En 1994 fue la primera vez que visité la tierra donde nacieron mis papas: el Líbano. Viajamos mis dos hermanos, mi madre y yo. Nunca había salido de fronteras venezolanas y no sabía lo que era volar en avión. Cuando llegamos a Beirut, el reencuentro de mi mamá con sus hermanos y su madre fue muy emotivo. Volamos al medio oriente para quedarnos allá más de 3 meses.

Ese verano del 94 siempre será recordado por mí como uno de los viajes más lindos que he hecho. A veces parece que fue ayer cuando aterrizamos en esta costa mediterránea. Para mí fue muy enriquecedor en mi adolescencia, porque fue conocer un lugar muy distinto a la tropical tierra del caribe sudamericano, y nutrirnos del amor de nuestra familia materna, en su mayoría.  Allí caminé por las calles empedradas del pequeño pueblo de mis anteriores generaciones, mis oídos se aguzaron al idioma árabe e incluso al francés, visité muchos familiares que no imaginaba que existían, y además, disfruté como nunca de la comida libanesa de mi abuela y mis tías maternas.

Una de las cosas que me sorprendieron es que el labne de mi abuela, que es un dip o crema de yogur natural deshidratado (tipo griego) y que se mezcla con especias y aceite de oliva, era tan apetecido, que hoteles y muchas personas lo encargaban. Pude ver como ella día a tras día preparaba el yogur (labin en árabe) y lo metía en una bolsa de tela, lo colgaba y dejaba que durante toda la noche cayeran gotas de agua y quedara el yogur mucho más espeso o deshidratado (labne en árabe).

Hoy día, uno ya compra en el supermercado un yogur más compacto y espeso y no necesitas del hermoso proceso artesanal que hacen los libaneses para deshidratar yogur. Así que en esos viajes que hago hacia mi infancia y adolescencia, la gastronomía libanesa está muy presente, por eso les comparto esta receta que es de mis preferidas y aparece en casa constantemente. Que la disfruten!

La receta del labne o dip libanés de yogur

Ingredientes:

1 taza de yogur tipo griego natural sin dulce (el más espero que encuentres).

1 tbsp (cucharada) de aceite de oliva

½ tsp (cucharadita) de sal

½ tsp (cucharadita) de pimienta

Opcional: ½ tsp (cucharadita) de zatar (especia libanesa fantástica!)

¿Qué hago?

1 En un bowl agrego todos los ingredientes y mezclo bien. Pruebo a ver si le falta un poco de sal o aceite de oliva, porque el sabor dependerá mucho del sabor del yogur.

2 Sirvo en platos hondos o bowl y acompaño con pan árabe, galletas, grissines o palitos de zanahoria y celery. Espolvoreo un poco de Zatar u oregano en la superficie para servir y se vea apetitoso.

Tip #1: Aunque en un pueblo como Ehden, mi abuela nunca usó yogur light o libre de grasa, puedes usarlo para hacer este dip porque es un poco más saludable. Lo importante es que el yogur sea sin azúcar o sin dulce.

Tip #2: Puedes encontrar en las tiendas de ventas de productos del medio Oriente el zatar, es una especie con mucho sabor que es una mezcla de oregano, tomillo y ajonjolí seco.

Acompaña a nuestro camello del medio Oriente a visitar otras 4 recetas libanesas y 1 siria que ya tenemos aquí en Foodógrafo!

Si tienes alguna duda me puedes escribir a foodografos@gmail.com o por instagram @food.o.grafo

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Torta de banano con nueces y chocolate (banana bread)

2016. Torta de banano, nueces y chocolate

En Venezuela tenemos la peculiaridad en comparación a otros países de Sudamerica de que nuestras frutas tienen nombres distintos a los usuales. Creo que eso se debe a que somos un país mixto: mitad del Sur de América y otra mitad del Caribe. Es tan raro todo que incluso pertenecemos al hemisferio norte siendo del Sur, y cuando comparo con Colombia, aun siendo más grande en superficie su cultura caribeña no es tan acentuada como la nuestra.

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Coquito: cóctel puertorriqueño

2014. Coquito: cóctel puertorriqueño

Pasó mucho tiempo para que tuviera la oportunidad de visitar Puerto Rico y conocer un poco esa hermosa isla. Sin embargo, como muchas veces he dicho, una de las maneras de viajar es a través de la gastronomía, por lo que pienso que vine a tener un abreboca de la isla, cerca de un año antes de pisar su arena. Eso fue cuando Jorge en diciembre de 2014 nos preparó el Coquito, un cóctel dulce de navidad típico de la Isla del Encanto.

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Sopa de galets

Navidad del 2002. La sopa de galets

Hace muchos años me preguntaron que si con un evento yo pudiera dividir un antes y un después en mi vida, cual sería. Este fue: en el 2002 fui por primera vez extranjero. Con 20 años me fui a terminar mi carrera de Ingeniería de Materiales a Barcelona becado por la Universidad Politécnica de Catalunya.

Esa experiencia, más allá de ser un paseo europeo, marcó ese antes y después, porque despertó en mi muchas cosas, entre las cuales fueron aprender a moverme en un lugar muy distinto a mi cotidianidad caraqueña, convivir con desconocidos (yo compartía el apartamento con otros 3 extranjeros) e incluso una muy importante: afianzar mi sexualidad y enamorarme realmente por primera vez. Como si fuera poco, Barcelona me abrió las puertas del viejo continente, y empecé a entender que aunque también es occidente se vive y se come diferente.

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La mala costumbre de leer y el mal hábito de regalar libros

La mala costumbre de leer y el mal hábito de regalar libros

Debo reconocer que a mí el verdadero hábito de la lectura me llegó bastante tarde: en la universidad a eso de los 17 años. Creo que como estudiante de Ingeniería te sobresaturas tanto de números, química y fórmulas, que era para mí muy relajante sacar un libro de mi morral en el bus de la universidad y hacer el viaje de vuelta a casa entre páginas de cuentos de Clarice Lispector y de Julio Cortázar. Desde entonces se me fue desarrollando el placer para mí de leer ficción, fueran novelas o cuentos. Creo que como en esa época era alguien que carecía de celular y mucho menos a finales de los noventa, no teníamos esos smartphones en los cuales pasar horas en las redes sociales, disfrutaba muchísimo el objeto libro. De hecho hasta el 2013 fui una persona sin televisión en su cuarto. Por eso en gran parte es que desde el 98 más o menos no ha pasado ni un solo año en el que al menos me haya leído tres o cuatro libros, e incluso buenos meses donde he sido un devorador de páginas.

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